La agresividad en la conducción

  • Posted on: 7 February 2021
  • By: tuteorica

Agresividad y hostilidad en la conducción 

La agresividad y la hostilidad en la conducción son, según numerosos estudios, unas conductas cada vez más frecuentes en nuestra sociedad. Esto es muy preocupante, no sólo por las implicaciones sociales que ello comporta, sino por las fatales consecuencias que este tipo de conductas tienen, como veremos, para la seguridad en el tráfico. 

En la Unión Europea, algunos estudios han demostrado que la agresividad no sólo ha aumentado sensiblemente en los últimos años sino que ha llegado a convertirse en una actitud característica del conductor europeo medio. En el caso de España, una encuesta hecha por  ATTITUDES y el Instituto de Tráfico y Seguridad Vial (INTRAS) parece confirmar esta tendencia, de tal forma que: 

  • El 80% de los españoles piensa que la agresividad es un problema social muy importante. 
  • El 79% de los españoles cree que hay una clara relación entre las conductas agresivas y los accidentes.  
  • El 53% de los españoles piensa que la agresividad en la conducción es un fenómeno de alta frecuencia
  • El 69% de los españoles opina,, de manera clara, que la agresividad en la conducción se ha incrementado y sigue incrementándose 

De este modo, parece que la agresividad y la hostilidad al volante no sólo constituyen un problema actual, sino que las previsiones apuntan a su incremento. En este sentido, organismos tales como la National Highway Traffic Safety Administration (EEUU) ha señalado cómo la agresividad en la conducción amenaza con ser uno de los principales factores de seguridad pública en relación con la población motorizada y las fuerzas de orden público del siglo XXI. Por ejemplo, se ha calculado que en dos terceras partes de las víctimas mortales de accidentes de tráfico en EEUU podría estar implicada, en parte, algún tipo de conducción agresiva u hostil. 

En este contexto, resulta interesante comprobar cómo, en líneas generales, son los conductores que más accidentes han sufrido los que ven como menos graves las conductas agresivas u hostiles, frente a aquellos que han sufrido uno o ninguno. 

Por otra parte, por conducción agresiva nos referimos al comportamiento de un conductor impaciente o encolerizado, que pone en peligro intencionalmente la vida de otro conductor, pasajero o peatón, en respuesta a un altercado, una disputa o, simplemente, un conflicto de tráfico. Debemos, por tanto, tener muy presente que con el término conducción agresiva u hostil estamos haciendo referencia a muchas situaciones de tráfico que no suelen ser consideradas como tales por la mayoría de nosotros.

Es por ello que se puede incluir dentro de lo que llamamos comportamientos agresivos u hostiles, además de los actos claramente violentos y las agresiones físicas, otros comportamientos corno los siguientes: gestos ofensivos u obscenos, insultos o agresiones verbales, ráfagas de luces largas, acercamiento excesivo al vehículo de delante, frenar bruscamente con la intención de hacer frenar a otro conductor, incorporaciones bruscas en un carril por el que circula otro vehículo, obstrucción deliberada del paso de los otros conductores, competir con otros usuarios de las vías públicas, bajar del vehículo con intención de enfrentarse a otro conductor, entre otras muchas. 

Como vemos, muchas de estas conductas implican, por sí mismas, un claro riesgo para la conducción de vehículos: movimientos bruscos no señalizados, invasiones del espacio de seguridad de otros vehículos, maniobras que provocan reacciones bruscas en los demás conductores (poniendo a prueba su atención y su experiencia al volante), etc. Pero, además, los conductores implicados en una situación de este tipo suelen experimentar cambios en su comportamiento en los minutos posteriores al suceso, tales como una mayor velocidad o una mayor impulsividad, lo que afecta gravemente a la seguridad en la conducción.

Respecto a las causas de la conducta agresiva u hostil, podemos diferenciar entre influencias ambientales (causas externas, propias de la situación en la que se encuentra) e influencias personales (causas internas, propias del conductor). 

Respecto a las influencias ambientales de la agresión, existen elementos externos que pueden propiciar la aparición de comportamientos agresivos u hostiles, entre los que podemos destacar los siguientes: 

  • El anonimato y la impunidad de la conducción que tenemos dentro del habitáculo del coche y, además, la posibilidad de huida que permiten los vehículos tras la realización de una conducta violenta, fomentan la posibilidad de conductas agresivas. 
  • La temperatura ambiental. Si el ambiente es caluroso y húmedo, el conductor es más proclive a sentirse frustrado o colérico, adoptando conductas más agresivas y a interpretar como amenazas o desafíos las conductas de los otros. Es por ello que en los meses de más calor suele observarse un mayor incremento de las conductas agresivas y hostiles.
  • El ruido. Un ruido irritante e incontrolable crea altos niveles de hostilidad en situaciones conflictivas. Si tenemos en cuenta el grado de contaminación acústica de nuestras ciudades (junto a otros muchos factores), no resulta extraño que los entornos urbanos sean especialmente propicios para la aparición de comportamientos agresivos. 
  • La congestión en el tráfico. Los atascos son una de las condiciones más frecuentemente asomadas con la conducción agresiva y la hostilidad en el tráfico. En ellos. la prisa y la frustración por no poder hacer nada para solucionar la situación. unido a la aglomeración de vehículos y el ruido en el ambiente, representan en conjunto una circunstancia especialmente propicia para la aparición de comportamientos agresivos y hostiles. 

Respecto a las influencias personales de la agresión, no cabe duda de que cada ser humano es diferente y aunque los factores ambientales incrementen la posibilidad de agresión u hostilidad, si las características personales no nos inclinan hacia estas conductas, es difícil que se produzca. Entre las variables personales relacionadas con la conducta agresiva u hostil habría que destacar las siguientes: 

  • El estado emocional y la personalidad del conductor. Por ejemplo, un conductor triste, frustrado o colérico interpretará con mucha mayor facilidad la conducta de otro conductor como una amenaza o un desafío. Además. hay personas con una tendencia más estable a comportarse agresivamente o a manifestar su hostilidad en un mayor número de situaciones.
  • El aprendizaje observacional. La conducta agresiva es fácilmente aprendida mediante la observación. La agresividad la podemos 
     haber aprendido desde la infancia en el vehículo de los padres, al mismo tiempo que reforzada desde los medios de comunicación de masas. 
  • Las atribuciones que hagamos sobre los demás. La agresividad y la hostilidad en el tráfico está muy relacionada con la interpretación 
     que hagamos de las intenciones de los otros conductores. Si percibimos un adelantamiento como un desafío, se incrementan las probabilidades de responder de manera agresiva u hostil. Por ello, es importante ser conscientes de que no siempre nuestras atribuciones se corresponden con la verdadera intencionalidad de los otros conductores. 
  • Defensa del territorio. Hay una tendencia generalizada a considerar el coche como un territorio privado sobre la calzada. Esta creencia lleva con frecuencia a considerar como una amenaza cualquier tipo de conflicto o incidente que suceda en el tráfico. 
  • Instrumentalidad de la agresión. Algunos comportamientos agresivos tienen como objetivo reforzar la imagen del individuo (ego y autoestima) pudiendo dar lugar a conductas altamente arriesgadas.

A estos factores habría que añadir finalmente otros muchos, corno la excesiva proximidad de los vehículos (que es interpretada corno una amenaza), el incremento en activación que provoca la prisa, las tensiones constantes de la propia situación de conducción y, sobre todo, el anonimato de la gran ciudad y del propio vehículo, junto con la impunidad percibida con que se ejecutan los actos agresivos al volante. Ninguno de estos factores es suficiente por sí solo para desencadenar un acto agresivo u hostil. Son las interacciones entre ellos, y entre estos elementos y la situación en la que se produce la conducción, las que podrían explicar cómo un conductor determinado acaba por responder agresiva y peligrosamente en una situación de tráfico concreta.

La magnitud del problema se ve reflejada en la aparición de un nuevo concepto, la violencia vial, que se puede definir como todo un conjunto de conductas de riesgo e imprudentes que realizan algunos conductores al circular por las vías públicas, poniendo en peligro la integridad, incluso la vida, del resto de usuarios. Estos conductores, tienden a desarrollar durante su conducción conductas violentas y antisociales que, en muchos casos, son amplificadas por el consumo de drogas y alcohol, dando lugar a situaciones extremadamente peligrosas en algunos casos. 

Debido a la peligrosidad que pueden tener estas conductas, el Código Penal las considera como “conductas de temeridad manifiesta” reflejándolas como delitos contra la seguridad vial. Muchas de estas conductas pueden suponer al conductor la retirada de 6 puntos y hasta 500 euros de multa, ya que la Ley de Seguridad Vial considera algunas formas de conducción agresiva como conducción temeraria, y en consecuencia, como infracción administrativa.

 

 

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