Motivación y conducción

  • Posted on: 10 January 2021
  • By: tuteorica

Como influye la motivación del conductor en su conducción

Factores motivacionales que influyen en el conductor
Factores motivacionales que influyen en el conductor

Durante la conducción, a parte de las habilidades sensoriales, perceptivas y motoras, se ponen en juego un amplio conjunto de componentes con un fuerte contenido motivacional y emocional, que interactúan de forma compleja para determinar las decisiones y comportamientos del ser humano cuando se encuentra al volante de un automóvil. 
La motivación nos permite explicar por qué iniciamos o no una determinada actividad, así como su intensidad y duración. Por ejemplo, si nos invitan a una fiesta y no nos apetece ir, es probable que pongamos una excusa y nos quedemos en casa (no se produce la actividad). Si la idea no nos es del todo desagradable, acudiremos pero estaremos poco rato (escasa duración) y hablaremos poco (baja intensidad). Si, por el contrario. estamos muy motivados ante la idea de la fiesta, no dudaremos en ir (la actividad se produce), estaremos muy integrados (alta intensidad) y nos quedaremos hasta el final (duración prolongada).

De igual forma, la motivación puede explicar de cierta forma el porqué de la realización de una maniobra segura o arriesgada. Si un conductor tiene como meta conducir con seguridad, es decir, está motivado para realizar una conducción segura, posiblemente circule a una velocidad prudente, se ponga el cinturón de seguridad o el casco, etc.; por el contrario, si su principal motivación consiste en llegar cuanto antes antes a una cita, con total seguridad realizará conductas más arriesgadas y peligrosas. En definitiva, la motivación es un proceso que de algún modo inicia, dirige, mantiene y finalmente detiene una secuencia de conducta dirigida a una meta. 

Para aumentar la seguridad en el tráfico es necesario incrementar la motivación de los conductores para realizar conductas seguras y eliminar aquellos motivos que los incitan a adoptar conductas de riesgo. 
 

Los modelos explicativos del comportamiento del conductor que subrayan el papel activo del ser humano como sujeto capaz de redefinir sus planes de conducta en función del contexto son conocidos como modelos cognitivo-motivacionales, y son de vital importancia para conocer en profundidad el comportamiento del conductor. 

 

Modelo de riesgo cero de Näätänen y Summala

 

Este modelo nación en la década de los años 70 considera al conductor como un sujeto activo que tiene un propósito hacia el cual dirige sus propias  acciones e intenciones.

Según este modelo, en toda situación de tráfico existe un determinado nivel de riesgo que el sujeto está dispuesto a admitir (el llamado nivel de riesgo cero o nivel de riesgo preferido). Este nivel de riesgo está determinado por dos grupos contrapuestos de motivos:

  1. unos excitatorios, que impulsan al conductor a una toma de decisiones más arriesgadas
  2. y otros inhibitorios, que le llevan a tomar decisiones más prudentes.

Entre los motivos excitatorios podríamos incluir los siguientes: 

  • Alteraciones en el estado emocional del sujeto (ira, hostilidad, euforia, apatía, ansiedad, etc.). 
  • Imitación de conductas de riesgo de la publicidad, películas, cómics o de otros conductores. 
  • Exhibicionismo de las habilidades de conducción. 
  • Experimentar el placer que para algunos sujetos se deriva de la conducción imprudente. 
  • Búsqueda y aceptación deliberada de riesgos y emociones intensas. 

Frente a estos motivos excitatorios, los motivos inhibitorios actúan como mecanismos preventivos o de control. Sin embargo, estos mecanismos inhibitorios tienen en la práctica un escaso control sobre el nivel de riesgo admitido por el conductor. Esto es así por el efecto de una serie de factores que, lejos de reducir el nivel de riesgo que un conductor está dispuesto a aceptar, elevan la tolerancia del sujeto al riesgo. Nos referimos a los llamados factores inhibidores de la prudencia, entre los que destacamos los siguientes: 

  • Adaptación sensorial a la velocidad. Si mantenemos una velocidad constante durante mucho tiempo, acabaremos por subestimarla, pensando que vamos a menos velocidad de la que realmente llevamos. Esto sucede especialmente con velocidades altas.
  • Sobrevaloración de la propia habilidad como conductor. Muchos conductores se consideran mejores que el conductor promedio y atribuyen los riesgos que experimentan a fallos en el vehículo, la vía, el entorno o los otros conductores.
  • Excesiva confianza en la tecnología del vehículo. En muchas ocasiones, los conductores sobrevaloran las virtudes de los dispositivos de seguridad de sus vehículos (por ejemplo, el ABS o el ESP), pensando erróneamente que las posibilidades de sufrir un accidente con ellos son escasas. 
  • Reinterpretación de las situaciones amenazantes y minimización de las consecuencias de un accidente. Los conductores tienden a reafirmar la imagen que tienen de sí mismos como conductor experimentado, incrementando la confianza en su propia habilidad para resolver  adecuadamente las situaciones más difíciles. 
  • Sensación de invulnerabilidad. Puesto que los accidentes ocurren raramente en comparación con el tiempo que pasamos en la carretera, el simple paso del tiempo sin que se produzcan siniestros puede hacernos pensar que nunca vamos a tener un accidente. 
  • Automatización de la conducción. Con la práctica y la experiencia, el conductor termina por considerar la conducción como una tarea sencilla que es posible realizar de forma completamente automática, por lo que conducirá distraídamente. Además, esta automatización puede traer como consecuencia una conducción que no se adapta a las circunstancias cambiantes del entorno. 
  • Predicciones erróneas. Con la experiencia, el conductor aprende a predecir la conducta de los otros usuarios de la carretera y la suya propia. Pero en ocasiones estas predicciones pueden fallar. 
  • Impunidad. Dado que el riesgo de recibir una sanción por haber cometido una infracción es muy bajo, la sensación de impunidad en los 
     conductores es muy alta. 
Multa de tráfico
Esta foto de Autor desconocido está bajo licencia CC BY

 

Modelo de amenaza-evitación de Fuller

 

Este modelo se basa en que la conducción necesita del aprendizaje de respuestas de evitación frente a estímulos amenazantes. El conductor necesita conocer la relación  entre condiciones antecedentes, las diversas opciones de respuesta y las consecuencias de aquellas opciones, con el fin de poder elaborar las respuestas de evitación. Es decir, se trata de analizar como los conductores actúan frente a los peligros reales y potenciales.

Un conductor puede reaccionar ante un posible peligro venidero de dos formas:

  1. Adaptando medidas para evitar un peligro y el consiguiente siniestro, lo que se va a denominar respuesta retardada
  2. o mediante una respuesta anticipadora, que consiste en  tomar medidas para evitar un posible peligro próximo.

Naturalmente la respuesta óptima seria la anticipadora, de forma que el conductor no llegue a ponerse en peligro en ningún momento porque es capaz de anticiparlo y prevenirlo con suficiente antelación. La respuesta retardada daría lugar a una conducción arriesgada e imprudente ya que el conductor confía toda su seguridad, casi exclusivamente, a sus habilidades en el manejo del vehículo. Por ello, en el aprendizaje de la conducción, es fundamental facilitar el aprendizaje de anticipaciones correctas por parte de los conductores y mejorar su capacidad de respuesta, así como también atenuar estímulos potencialmente aversivos.

 

Teoría Homeostática del Riesgo 

 

En esta teoría también es la motivación humana el centro de la dinámica causal del accidente. Según esta concepción sobre el papel de la motivación en la conducción, debemos partir de dos conceptos fundamentales: el riesgo percibido, o estimación subjetiva de la probabilidad de accidente en una situación dada, y el riesgo aceptado, o el riesgo que se está dispuesto a aceptar o a tolerar. Los sujetos cuando están conduciendo realizan una comparación constante entre riesgo percibido y riesgo aceptado. En función de la diferencia que haya entre ambos tipos de riesgo se tomarán decisiones con el objetivo de restablecer el equilibrio. 

Así pues, la variable clave para disminuir la tasa de accidentes es reducir el nivel de riesgo aceptado por los conductores, lo que se consigue con una buena formación de estos. En verdad, algunas mejoras técnicas, las cuales implican una reducción del riesgo objetivo, acaban paradójicamente repercutiendo en un incremento de la siniestralidad. Esto es así porque la reducción del riesgo objetivo implica habitualmente una reducción del riesgo subjetivo. En consecuencia, el conductor suele incrementar sus conductas de riesgo ("con mi coche nuevo puedo correr más que con el viejo porque es mucho más seguro"), fenómeno conocido como compensación del riesgo. Por ello es necesaria la introducción de estrategias motivacionales dirigidas a disminuir el nivel de riesgo que el conductor está dispuesto a aceptar.

 

 

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