Movilidad y accesibilidad

  • Posted on: 28 November 2020
  • By: tuteorica

Movilidad y accesibilidad

"El objetivo del transporte no es el movimiento sino el acceso”. Este es el principio sobre el que se deberían basar todas las acciones y planes relativos al transporte y el tráfico y ya se estableció allá por los años 70

La movilidad es un concepto que puede cuantificarse o medirse en variables físicas como "kilómetros recorridos” o "vehículos multiplicado por kilómetro”,  ya que se refiere al espacio y al tiempo donde transcurre el propio movimiento.

Según el "Observatorio de la accesibilidad", la accesibilidad  puede definirse como : "Condición que deben cumplir los entornos, procesos, bienes, productos y servicios, así como los objetos o instrumentos, herramientas y dispositivos, para ser comprensibles, utilizables y practicables por todas las personas en condiciones de seguridad y comodidad y de la forma más autónoma y natural posible. Presupone la estrategia de «diseño para todos» y se entiende sin perjuicio de los ajustes razonables que deban adoptarse". Como se observa, se trata de un concepto encaminado al destino, a la obtención de un bien, por lo tanto, es valorable según la consecución o no de dicho objetivo.

Dicho de otra manera, cuando salimos "a correr", no lo hacemos simplemente por hacer kilómetros, sino con la idea de alcanzar un objetivo que es ponernos en forma y mejorar nuestra salud; cuando salimos por la mañana con nuestro vehículo, nuestra intención no es el movimiento en sí, sino que nos desplazamos para llegar a nuestro lugar de trabajo. Éste fin último de cada uno,  va a depender en cada caso de las circunstancias o intereses de cada individuo. Por todo ello, la movilidad se convierte en un un requisito para tener acceso a bienes de toda índole que satisfagan necesidades individuales o colectivas.

La movilidad se ve fuertemente afectada por la estructura territorial a la hora de conseguir las anteriores necesidades. Esto se ha traducido en dos concepciones típicas de ciudad: 

  1. Ciudad anglosajona: con una clara separación de usos, donde existe un centro en el que se concentran las actividades comerciales e industriales de tamaño reducido rodeado de un gran territorio ocupado por zonas habitacionales siguiendo una urbanización extensiva con baja densidad, el automóvil se convierte en la única opción práctica.
  2. Ciudad mediterránea: con un modelo de urbanización de elevada densidad y donde se superponen sobre el mismo territorio físico los distintos usos (comercial, habitacional, industrial...) es posible satisfacer muchas de las necesidades moviéndose a pie o en transporte público.

En nuestro país (y en otros muchos) el desarrollo de las ciudades ha ido obviando la movilidad no motorizada y ha  ido generalizando una separación de usos a partir de una política de planificación urbanística que la fomentaba en el ámbito industrial (creación de polígonos industriales desde los años 60). De esta forma se han generalizado grandes extensiones urbanas con viviendas tipo anglosajón, proliferando extensiones que siguen el modelo de viviendas unifamiliares, todo ello favorecido por intensos procesos especulativos que dieron lugar a la conocida como burbuja inmobiliaria a partir de la entrada de España en la UE.

La concentración de los servicios, trabajos, ocio, etc. en zonas determinadas de las ciudades, junto a la aparición de ciudades-barrios residenciales en las periferias, han dado mayor importancia y necesidad al uso del transporte motorizado que, de esta forma, se hace imprescindible para unir al individuo con sus necesidades diarias.

La incorporación de España en la UE y el fenómeno turístico de nuestro país, han sido factores determinantes para convertir parte de nuestro territorio en zonas de residencia permanente o eventual de millones de europeos con la consiguiente generación de actividad económica en un entorno marcado por el aprovechamiento intensivo del frente costero y el desarrollo extensivo de una franja en torno a los 20 km. del litoral, planteándose de nuevo el problema de una movilidad cautiva en transporte privado en automóvil. Este aprovechamiento intensivo de pequeñas porciones de territorio (Costa del Sol, la Costa Blanca o la Isla de Mallorca) no han seguido un proceso coherente de crecimiento: problemas ambientales y paisajísticos, diseños defectuosos de estructuras y sistemas de abastecimiento (agua, gas, alcantarillado, etc.) y ausencia de planificación de una red eficiente de movilidad que lleva a saturar las redes interurbanas de carreteras.

Es de vital importancia tener en consideración en cualquier proyecto urbanístico  que la red de movilidad debe contemplar cuatro subredes que no siempre son compatibles o pueden coexistir juntas, a saber:

  1. No motorizados: peatones y bicicletas.
  2. Transporte público.
  3. Automóviles: coches y motocicletas.
  4. Transporte y distribución de mercancías.

Se entiende como políticas de movilidad o transporte sostenible a aquellas actuaciones de las administraciones para facilitar el acceso de los ciudadanos al trabajo, al estudio, a los servicios y al ocio mediante diversos modos de transporte: a pie, en bicicleta, en vehículos ecológicos, en transporte público y en automóviles de uso compartido.

A pesar de que sigue aumentando el volumen de los efectos negativos derivados del uso del vehículo, La Unión Europea, gracias a las innovaciones técnicas y la presión de las regulaciones establecidas, también ha conseguido reducir  a lo largo de estos últimos 30 años las externalidades negativas del vehículo privado, sobre todo en emisiones. En este período se han revelado una serie de circunstancias que han generado la implantación de políticas públicas denominadas de movilidad sostenible intentando conjugar la máxima libertad de acceso con la reducción del consumo de combustibles fósiles. Podrían resumirse en las siguientes:

  • La necesidad de garantizar el cumplimiento del principio de equidad, es decir, de facilitar el acceso universal y sin discriminaciones a aquellos bienes y derechos que constituyen los elementos básicos de la sociedad de bienestar que pretende extenderse a toda la población.
  • La constatación del inasumible coste económico y social de la congestión y los accidentes de tráfico.
  • La evidencia de que es imposible continuar con el deterioro ambiental y el consumo de recursos naturales si queremos mantener los niveles de desarrollo de la sociedad occidental y extenderlos a nivel global.

Actualmente, muchos países están llegando a la conclusión de que no puede calificarse como sostenible una política que para mejorar los niveles ambientales a nivel local, regional o global penalice el tráfico de modo que no se garantice esa equidad, la posibilidad de comunicación, la autonomía de elección o la igualdad entre personas.

Para favorecer la consecución de la accesibilidad que, recordemos, es el objetivo de la movilidad, las políticas de movilidad deben plantearse en dos vertientes:

  1. Como ha de facilitarse el movimiento de personas y mercancías, la sostenibilidad ha de enfocarse hacia la promoción de medios de transporte con menor impacto ambiental o social.
  2. para facilitar el acceso a bienes y servicios la sostenibilidad pasa por reducir las necesidades de desplazamientos motorizados, lo cual lleva a promover el traslado a pie o en bicicleta.

A modo de resumen, las políticas de movilidad deben:

  • minimizar las necesidades de movilidad obligada de los ciudadanos;
  • satisfacer las necesidades de movilidad obligada con desplazamiento en medio no motorizado y, si ello no es posible, en transporte colectivo

Para finalizar, se podría decir que los objetivos de dicha movilidad deberían ser:

  1. minimizar el consumo de recursos;
  2. disminuir los efectos negativos del transporte;
  3. facilitar la libertad de elección en el modo de transporte;
  4. y garantizar la equidad y la cohesión social sin que la accesibilidad resulte penalizada.

 

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