Los tipos de atención en la conducción de vehículos

por | Feb 12, 2023

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Los procesos atencionales en la conducción de vehículos

 

Los tipos de atención en la conducción de vehículos

Los tipos de atención en la conducción de vehículos

 

Los problemas provocados por la falta o deficiencia de atención y las distracciones están entre las principales causas de siniestralidad. Además, es un problema que continua incrementándose en los últimos años. La relación entre los procesos atencionales y los perceptivos es evidente, y de ambos depende, en buena medida, la ejecución de respuestas apropiadas a determinadas situaciones durante la conducción. La importancia de la atención en la seguridad vial es evidente, si se tiene en cuenta que todo proceso perceptivo del conductor (y luego la toma de decisiones) comienza necesariamente por prestar atención a los estímulos que han de ser captados.

La atención, no solo es un simple mecanismo de selección de información, sino que también es un proceso activo que nos ayuda a organizar y coordinar toda la información que utiliza el conductor. Precisamente en la base de muchos de los fallos humanos que preceden al accidente (errores de percepción o reconocimiento, errores en la toma de decisiones y fallos en la ejecución) se encuentra una atención inadecuada. El estudio de la atención y las causas de las distracciones son  imprescindibles para explicar el origen de muchos siniestros viales y, por tanto, encontrar una manera de poder evitarlos.

Con el fin de entender como funciona la atención durante la conducción de un vehículo, las distracciones y la importancia que tiene este proceso, es necesario dejar claros brevemente algunos conceptos importantes. Es importante en este sentido entender en qué consiste la atención selectiva, la atención sostenida y la atención dividida.

 

La atención selectiva

 

El hecho de que podamos adaptarnos a un entorno complejo como es el tráfico, entendiéndolo y reaccionando adecuadamente, es posible gracias a nuestras capacidades atencionales. Estas aptitudes permiten centrar nuestros recursos mentales en determinados aspectos de nuestro entorno, desechando otros que no consideramos importantes. El conductor se vería peligrosamente inundado por tanta riqueza estimular (luces, sonidos, semáforos, la radio, etc.) si no escogiera de manera precisa en cada momento las informaciones de interés y despreciara de su campo estimular lo irrelevante. Así, el conductor supera y evita la sobrecarga de información que recibe, focalizando su atención en una parte del entorno vial relativamente pequeña. Esta es la llamada función selectiva de la atención.

 

La atención selectiva permite al conductor escoger y centrase sólo en la información que le interesa y despreciar la irrelevante.

 

Una conducción segura depende, en en gran parte, de seleccionar adecuadamente los mensajes relevantes y tomar posteriormente la decisión más adecuada. Si tuviéramos que atender a todos los estímulos, sin seleccionarlos, se excederían nuestras capacidades mentales y el siniestro vial se produciría sin duda. Esta complicada selección está influenciado por:

  • las propiedades de los estímulos y las condiciones de la situación,
  • y también por diversas funciones psicológicas del propio conductor.

El estado psicológico del conductor y su experiencia en la conducción influyen muy directamente sobre el proceso atencional. Por ejemplo, un conductor deprimido o muy preocupado por sus asuntos personales focalizará toda su atención en sus problemas y no prestará atención a los estímulos viales relevantes para su seguridad en el tráfico.

Con la experiencia, aprendemos a discriminar determinados estímulos sobre otros. También aumentamos nuestra capacidad para seleccionar información. Por ejemplo, si consideramos que una señalización no es importante para nosotros o para el tipo de vehículo que conducimos, nuestros sistemas perceptivos no perderán tiempo en analizar estas señales.

Determinadas características estimulares (muchas o pocas señales) y determinadas situaciones viales (mucho o poco flujo de vehículos, por ejemplo) pueden hacer más fácil o más difícil la focalización de la atención en los estímulos relevantes para el tráfico. Sin embargo, no hay que olvidar que es el conductor en último término el que debe ejercer un cierto grado de control voluntario sobre estos procesos para evitar el accidente.

 

La atención sostenida

 

Que el conductor mantenga un nivel de alerta prolongado en el tiempo es fundamental para una conducción segura. Podríamos decir que la conducción de un vehículo es algo parecido a una tarea de vigilancia permanente. Es imprescindible que el conductor está atento durante todo el tiempo porque no sabe en qué momento puede aparecer un estímulo al que deba responder con celeridad para evitar una situación de peligro. Tanto los distractores externos (un cartel publicitario) como ciertos factores internos (un problema personal) pueden comprometer el mantenimiento prolongado de la atención en el tráfico. Además, factores como la poca tolerancia a la rutina, la carencia de estímulos activadores, junto con la aparición de la fatiga y la somnolencia, pueden constituir un verdadero peligro al afectar (aparte de a la atención) tanto al propio proceso de toma de decisiones como al tiempo de reacción en situaciones críticas.

 

Para una conducción segura es necesario mantener un nivel de atención adecuado y sostenido durante todo el recorrido.

 

Otro fenómeno muy importante en la conducción es el grado de activación del sujeto. Si el nivel de excitación del conductor está al límite (demasiado alto o demasiado bajo), tanto la concentración como el rendimiento en las tareas de conducción se ven gravemente afectados.

  • Un nivel de activación demasiado alto puede hacer que nuestra atención disminuya. Por ejemplo, la ansiedad que experimenta un aspirante al permiso de conducir durante la prueba en sí puede hacer que se vuelva demasiado ansioso. Con ello fácilmente puede ignorar ciertos estímulos apropiados para obtener buenos resultados en la prueba.
  • Por otro lado, un nivel insuficiente de activación (por ejemplo, por la influencia de la somnolencia) provoca falta de atención. Ello conduce rápidamente a errores en el procesamiento de la información. Esto puede explicar algunos accidentes de tráfico, como los que se producen  por distracciones mientras conducen en autopistas o autopistas con poco volumen de tráfico.

Si tenemos que conducir un vehículo durante mucho tiempo, puede ser difícil mantenerse alerta debido al alto nivel de fatiga que provoca una activación prolongada. Los conductores experimentados saben que es fácil cansarse después de horas de conducción o cuando se hace con condiciones meteorológicas adversas o carreteras desconocidas que requieren atención especial. Este fenómeno se debe a que, aunque no seamos conscientes de ello, la activación produce una serie de cambios psicofisiológicos importantes.

Todos estos fenómenos descritos y muchos otros que podrían agregarse, pero de los que el conductor no siempre es consciente, muestran claramente que no se recomienda conducir durante mucho tiempo. El conductor debe  permitir que su cuerpo se recupere y evitar así el riesgo de fatiga excesiva.

 

La atención dividida

 

La atención dividida es una forma de atención en la que una persona está intentando concentrarse en dos o más tareas o estímulos simultáneamente. Esto puede ser difícil debido a que nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para procesar información. Por lo tanto, hacer dos cosas al mismo tiempo puede requerir más esfuerzo y puede disminuir la eficacia y la eficiencia en ambas tareas. Por ejemplo, intentar conducir un automóvil y hablar por teléfono al mismo tiempo es un ejemplo de atención dividida. Esta situación  puede ser peligrosa debido a la disminución en la capacidad para responder adecuadamente a los estímulos en la carretera.

Cuando la situación del tráfico requiere la atención simultánea de un gran número de estímulos (señales de tráfico, coches, lluvia, etc.), la capacidad mental del conductor se ve superada. Además corre el riesgo de cometer un error o no realizar de forma correcta cualquier intervención o respuesta ante situaciones de peligro. Esto también puede ocurrir cuando la demanda de recursos atencionales no solo está relacionada con las condiciones de la vía, sino que viene de:

  • el propio conductor (con sus pensamientos e inquietudes),
  • sus acompañantes
  • o el teléfono móvil que también contribuyen a aumentar las exigencias de la tarea de conducción.

En general, podemos cambiar rápidamente nuestra atención de un estímulo a otro. Sin embargo, nos resulta mucho más difícil centrarnos en varios estímulos similares a la vez.

Es más fácil dividir la atención entre dos fuentes de información con diferentes modalidades perceptivas (visual y auditiva). En tales casos, nuestra atención puede dividirse entre dos fuentes de información. A menos que la información que nos llega a través del oído necesite estar muy focalizada (por ejemplo, una conversación que nos resulta difícil o muy importante).

 

 

El hecho de poder dividir nuestra atención entre dos tareas diferentes depende de varios factores. Uno de los más importantes es la complejidad de la tarea. En general, cuanto más compleja es la situación de conducción (por ejemplo, en una curva), más recursos de atención utilizamos y, por tanto, menos dejamos para otras tareas (utilizar el teléfono). Por el contrario,  cuanto más fácil es la situación (por ejemplo, en linea recta), requerimos de menos recursos de atención, y más recursos quedan para otras tareas (buscar en la guantera unas gafas). Esto explica la causa de muchos siniestros que, a priori, se producen en situaciones de baja exigencia para el conductor, ya que éste se confía y “baja la guardia”. De aquí que las estadísticas indiquen que se producen más siniestros viales en rectas que en curvas.

La capacidad de procesar simultáneamente múltiples estímulos de manera eficiente es limitada. Además depende de factores como la superposición de los recursos atencionales y la dificultad de la tarea.

En definitiva, la atención, con todas sus variantes, es un recurso psicológico imprescindible para una conducción segura. La persona que está a los mandos de un vehículo debe ser consciente de esta importancia y de sus limitaciones. Es fundamental que, ante el más mínimo síntoma de cansancio mental, tome medidas al respecto (tomar un descanso) para evitar consecuencias no deseables.

 

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